COLABORACIONES FUERA DE CONCURSO
Literatura, ensayo y periodismo
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GEOGRAFÍA DE UN SUSPIRO
Rosana Curiel

Esperanza llegó de nuevo a la barda del fondo. Había caído la noche y era el momento ideal para tomar aquel camino. Trepó con esfuerzos y se sentó a observar el otro lado. Cada temporada el paisaje era distinto, lo conocía a la perfección después de tantos años de verlo. Era marzo y a pesar de la noche, el campo refulgía y de los árboles secos brotaban los inicios de vida.
           Estaba decidida, el camino frente a ella se mostraba generoso, ahí estaba el resto de vida que le faltaba, la pasión que durante casi 40 años había amasado pacientemente. Esta vez sí se atrevería.
           Se acomodó para saltar, pero justo en ese instante su nombre apareció envuelto por un grito que se le estrelló en la boca del estómago cancelando todas las alternativas. Volvió lentamente la mirada, un eco gris penetró sus ojos y le recordó que tenía que regresar a servir la cena. Nuevamente miró al otro lado, el grito apareció otra vez, ahora cargado de ira y con él llegó la memoria de tantos silencios, tantas llagas, tantas palabras amoratadas en la lengua, tanta obediencia. Sin pensarlo más se dejó caer. Poco a poco su nombre se fue alejando y se desintegró en gotas coloridas que lentamente perdían sus tonos para convertirse en una bruma opaca, deslizándose entre sus ojos y oídos, hasta que al fin dejó de escucharse.
           Después, todo fue noche, noche infinita.


Rosana Curiel opina: “Hay que jugársela”

Nacida en la ciudad de México, Rosana Curiel lleva 20 años viviendo de escribir. ¿Cómo? “Haciendo lo que haya que hacer —explica—: guiones educativos, letras de canciones, guiones para cd's interactivos, traducciones, programas de televisión, adaptaciones de radio, reportajes, obritas de teatro, telenovelas, etc. cualquier cosa en la que pueda recibir un salario por usar la cabeza, mis ideas y ponerlas en papel. He aprendido muchísimo de muchos géneros gracias a eso y por lo mismo mi creatividad se ha expandido.”

Por su amplia experiencia, a Rosana Curiel se le pregunta cómo puede una escritora en México vivir de escribir, y esto es lo que responde:

“Lo que me parece fundamental es que se esté plenamente convencida de que escribir es su vocación, porque cuando se sabe eso, cuando se tiene la conciencia de que la propia vida no tendría mucho sentido sin escribir y que cualquier otra profesión, por bien que podamos hacerla, no nos da una satisfacción profunda ni nos apasiona o nos obsesiona, entonces la escritura y sus avatares dejan de ser un sacrificio y se convierten en una alegría por la cual hay que agradecer siempre.”

Con esa convicción, opina, “también se genera la fuerza suficiente para resistir y tener la paciencia que se necesita”, ya que “es un asunto de tener conciencia y de estar muy aterrizados, de no caer en la arrogancia de pensar que somos genios y que descubrimos el hilo negro, o de que cuando se nos descubra el mundo se iluminará con nuestras grandiosas ideas”.

Claro que no es fácil vivir holgadamente de esto, concede Rosana, “pero tampoco tiene que ser imposible; lo que creo que pasa es que mientras se le dé mayor peso al futuro incierto ‘de qué voy a vivir’, nunca se hará nada. Hay que jugársela”.

SIN MOTIVO APARENTE
Elena Méndez


Lo viste recargado en la barra, bebiéndose un tequila. Sentiste su mirada en el escote cuando pedías una cerveza. Mas no te detuviste. Fuiste a bailar en medio de la pista, a sabiendas de que te seguiría. Y lo hizo. Estrechó por detrás tu cuerpo, dándote un beso en el cuello. Quiso besarte en la boca. No lo permitiste, encendiendo todavía más sus ansias.

¿Vienes conmigo...? Sólo lo seguiste. Ya te lo había dicho sin palabras, cuando sus dedos emprendieron un viaje por tus vértebras.

Subieron al auto. Te acarició un muslo. Cerraste los ojos, lanzando un suspiro. Recorrió tu cintura, demorándose en el ombligo. Me fascinas, murmuró.

Colocaste el índice en sus labios, mientras él lo mordía con deleite.

Llegaron a su hotel.

Su piel oscura se adentró en tu piel. Un trueno anunciaba la primera lluvia del verano.

Le mordiste el hombro, delirando de placer.

Respiraron abrazados el aroma a tierra mojada.

Te preguntó por qué.

Porque me gustaste, para mí eso es suficiente.

Para qué confesarle que pretendías borrar aquel nombre tatuado en el vaho de tu espejo.


Nacida en Culiacán Rosales, Sinaloa. “Llueven las ideas casi siempre de noche, o cuando voy en el transporte, y si no me es posible escribir el primer borrador en ese instante, anoto frases, imágenes, palabras que germinarán en un cuento”, dice Elena Méndez.


* Las y los escritores que deseen publicar en este espacio fuera de concurso pueden mandar su información por correo electrónico a maluhdt@antilibros.com, mediante carta no apócrifa, con una breve descripción de su propuesta, pero su envío implica la aceptación inmediata de que su texto podría ser elegido (o no) para incluirse en el futuro libro impreso de antología de Miel y Amoníaco (sin arrepentimientos).